Hay juegos que se recuerdan por el título que no tuvieron. La abadía del crimen quería llamarse El nombre de la rosa, como la novela de Umberto Eco en la que se basa, y acabó saliendo con otro nombre porque la respuesta del autor no llegó a tiempo. Lo programó Paco Menéndez, lo dibujó Juan Delcán y lo publicó Opera Soft. Es la segunda entrega de «Clásicos que merece la pena recordar», y la primera de software español.
Un programador de Made in Spain y un estudiante de Arquitectura
Menéndez venía de Made in Spain, donde había hecho Fred y Sir Fred. En la entrevista que publicó MicroHobby en febrero de 1988 contó que llevaba tiempo con ganas de hacer un juego en tres dimensiones y que, al leer la novela de Eco, vio en ella el argumento. Empezó cuando todavía estaba en Made in Spain; cuando se separaron, siguió con un amigo de toda la vida, Juan Delcán, que estudiaba Arquitectura, no sabía programar y diseñó la abadía entera y todas sus pantallas. Según Menéndez, fueron unos catorce meses de trabajo sin descanso.
Eligió el Amstrad CPC como máquina de partida por sus colores y su memoria: era más sencillo diseñar en cuatro colores y quitar después que hacerlo al revés. En octubre de 1987, MicroHobby ya presentaba la versión de Amstrad, distribuida por Mister Chip, y avisaba de que la de Spectrum estaba en camino.
Lo del título lo explicó él mismo. Habían hablado con la representante de la editorial italiana que tenía los derechos, a la que la idea le gustó y que prometió consultarlo con Eco. Pasados tres meses sin noticias, publicaron con otro nombre. Menéndez no se rendía: creía que fuera de España, sobre todo en Estados Unidos y el Reino Unido, un título conocido era decisivo, y no descartaba sacarlo allí como El nombre de la rosa. No ocurrió: el juego nunca se publicó fuera de España.
Siete días bajo la mirada del abad
Fray Guillermo de Occam, franciscano inglés con problemas con la Inquisición, llega con su novicio Adso a una abadía benedictina, donde ha muerto un monje en circunstancias raras. El jugador lleva a los dos. La partida dura siete días, partidos en las horas de la regla —prima, tercia, sexta, nona, vísperas, la noche—, y en cada una hay que estar donde se debe.
Esa es la regla que lo distingue de cualquier aventura de la época. La barra de obsequium mide la obediencia: desoír al abad o meterse donde no toca la va vaciando, y si se agota, el abad expulsa a Guillermo. Mientras tanto, los demás monjes viven su propio horario. Según lo que se haga, persiguen al jugador, le quitan objetos, le dejan pasar o le cuentan algún secreto. Si uno se pierde, puede quedarse quieto y el juego le enseña lo que pasa en otros rincones de la abadía. Los objetos útiles son pocos, y la partida se puede grabar en cualquier momento.
Esa vida propia fue lo que más le costó a Menéndez. Contaba que el juego estaba casi acabado desde el verano anterior, pero que encajar los razonamientos de cada monje con lo que hacía el jugador se le complicó muchísimo. Se empeñó además en que cupiera en 64 KB y no lo consiguió: la versión de Spectrum salió sólo para el modelo de 128 KB.
«¡Chapeau!»
MicroHobby lo analizó en el mismo número de la entrevista con un entusiasmo poco habitual: lo describía como algo nuevo y distinto a lo visto hasta entonces, alababa la atmósfera de misterio y decía que sus gráficos tenían una calidad pocas veces vista en un Spectrum. Cerraba con un «¡Chapeau!». La revista publicó también el mapa de la abadía, una solución día por día y un concurso: había que dibujar la habitación secreta del laberinto de la biblioteca. Al ganador le esperaban 50.000 pesetas, y a los diez finalistas, un ejemplar de El nombre de la rosa.
Menéndez, en cambio, terminó la entrevista con una confesión: decía haber acabado harto del programa y llevar años desenganchado de lo que se publicaba. A él le gustaba hacer juegos, no jugarlos.
Del Amstrad al MSX y al PC
En 1988 llegaron las versiones de Spectrum 128, MSX y MS-DOS. La de MSX salió en cinta, también en disco, se reeditó y entró en recopilatorios de Opera Soft. Con los años, el juego ha tenido una larga vida entre aficionados, con versiones para máquinas que en 1987 no existían.
Cómo se juega hoy
El original no está a la venta en ninguna tienda. Lo que sí se puede descargar gratis, de forma legal, es The Abbey of Crime Extensum, un remake que Manuel Pazos y Daniel Celemín publicaron en Steam en 2016 para Windows, Mac y Linux, con los textos en castellano. No es el juego de 1987: tiene otro aspecto y corrige muchos de sus errores. Para el original sólo queda conservar las cintas, y eso hace todavía más valiosa una buena edición oficial que nunca ha llegado.
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