Hay recreativas que se recuerdan por un personaje y otras por un mando. Marble Madness es de las segundas: en lugar de palanca tenía una bola de seguimiento por jugador, y con ella se guiaba una canica por un laberinto que parecía dibujado por Escher. Atari Games la puso en los salones a finales de 1984, y quien la jugó se acuerda de la sensación de la bola bajo la palma de la mano y de la canica embalándose cuesta abajo hacia un borde sin barandilla.
Un juego nacido en plena crisis
Marble Madness lo diseñó Mark Cerny, que había entrado en Atari con diecisiete años y hoy es conocido sobre todo como arquitecto de las consolas PlayStation de Sony. En la charla que dio en la Game Developers Conference de 2011 explicó el contexto: el mercado de las recreativas se había hundido en 1983 y en Atari se buscaban ideas completamente nuevas que se pudieran jugar a dos. Su primer proyecto en la compañía se había cancelado casi terminado.
El punto de partida fue el minigolf. Cerny pensó primero en una pantalla táctil y después en una bola de seguimiento motorizada que girase sola para transmitir la inercia de la canica; las dos ideas se quedaron por el camino por coste. También se cayeron suelos con bultos que perseguían al jugador, cristales que se rompían o balancines. Lo que quedó fue un mundo abstracto de cuadrículas, con enemigos tan raros como muelles y manchas transparentes.
Seis recorridos y una regla
La regla es sencilla: llegar a la meta antes de que se acabe el tiempo. No hay vidas. Caerse por un borde o chocar con un enemigo cuesta segundos, y lo que sobra al llegar se arrastra al recorrido siguiente. Son seis, de Practice a Ultimate, y el folleto de Atari ya avisaba de que el quinto, Silly, era distinto: la gravedad se comporta de otra manera y los obstáculos, en vez de estorbar, dan puntos. A dos jugadores, la partida es una carrera en la misma pantalla, y el que pierde puede meter otra moneda para seguir.
Lo que hacía distinto a Marble Madness era la bola. La canica no se mueve en ocho direcciones, como con una palanca: responde a la velocidad con la que se hace girar la bola, acelera en las bajadas y cuesta frenarla. Aprender a dominar esa inercia es todo el juego. El folleto de 1984 presumía además de la placa: era el primer título del System I, un mueble pensado para cambiar de juego con un cartucho, con un procesador Motorola 68010, 256 colores en pantalla y música estéreo compuesta para la ocasión, con un tema para cada recorrido.
Un éxito de cuatro minutos
Atari lo vendió a los operadores con una campaña de cifras: en sus pruebas, decía un folleto de 1985, Marble Madness recaudaba bastante más que el segundo juego de cada salón. Cerny contó en la GDC que fue un éxito durante unos seis meses y que luego cayó por una razón que él mismo reconoce: un buen jugador lo terminaba en unos cuatro minutos. Con el doble de duración, dijo, habría aguantado más.
En España la recreativa la fabricó con licencia Sonic, la marca de Sega, S. A., que hizo su propio folleto en castellano. Prometía un «impacto mundial» y avisaba a los dueños de los salones de que se iban a sorprender con lo que recaudaría.
Del salón al Spectrum
Electronic Arts llevó el juego a los ordenadores en 1986. La versión de Amiga es la que más se ha recordado por su parecido con la recreativa; la de Commodore 64, programada por Will Harvey, tuvo una acogida más tibia. Hubo también versiones para Apple II, PC y Atari ST.
El caso del ZX Spectrum es curioso. Melbourne House sacó primero un Marble Madness Construction Set, que no era la recreativa sino un editor para hacer recorridos parecidos, y en 1987 la versión oficial, en una caja de lujo. MicroHobby la analizó en su número 171, en 1988: dijo que había salido «muy bien parado» del paso al Spectrum, que la adicción seguía intacta y que el editor, con el manual traducido al castellano, hacía casi imposible aburrirse. La revista recordaba también que el juego había tenido imitadores en el propio Spectrum, como Spindizzy o Gyroscope.
Después llegaron las consolas: NES, Game Boy y Mega Drive, entre otras. La continuación de la recreativa, Marble Man, se llegó a terminar con palanca en lugar de bola, pero Atari nunca la comercializó.
Dónde se puede jugar hoy
A diferencia de Paperboy, Marble Madness sí se puede comprar. Está en Midway Arcade Origins, el recopilatorio que Warner Bros. publicó en 2012 con una treintena de recreativas de Atari Games, Williams y Midway, cuyos derechos acabaron en sus manos tras la quiebra de Midway. Se vende en la tienda española de Xbox y funciona en Xbox One y Xbox Series. Le falta lo esencial, la bola, y con un mando la canica no se siente igual, pero los seis recorridos están ahí y siguen durando lo mismo: unos minutos, si se sabe jugar.
Sé el primero en comentar.