Cada pocas semanas vuelve el mismo titular: SteamOS le está quitando terreno a Windows. Este verano ha dado dos motivos de peso para escribirlo y un tercero, publicado hace unos días, para escribirlo con más cuidado.
El primero es de junio. Valve actualizó a SteamOS 3.8 la imagen de instalación que reparte en su página y, con ella, dejó de hacer falta una Steam Deck: instalar el sistema en un ordenador de sobremesa cualquiera ya está contemplado, con su asistente de primer arranque incluido. La condición es la gráfica. Sólo hay soporte oficial para las de AMD, las de Intel funcionan con limitaciones y las de Nvidia no están. Pierre-Loup Griffais, el ingeniero que lleva la parte de Linux en Valve, contó a The Verge el 22 de junio que trabajan en ello «de fondo» y que ni siquiera un primer controlador de Nvidia está garantizado antes de que acabe 2026. Dicho de otro modo: la marca que domina el parque de gráficas para juegos se queda fuera por ahora.
El segundo motivo es la Steam Machine, que Valve presentó con precio ese mismo 22 de junio y puso a la venta a finales de mes: 1.039 euros el modelo de 512 GB y 1.359 el de 2 TB, con IVA. Es la misma idea metida en una caja negra que cabe en un mueble, con el mismo SteamOS dentro, el mismo modo de juego al arrancar y el mismo escritorio debajo cuando hace falta un navegador.
Y el tercero es la encuesta de hardware de Steam de agosto, que Valve ha publicado a principios de septiembre. Linux se queda en el 3,90 %, once centésimas menos que en julio y por debajo del 4 % otra vez. Windows sube al 93,95 % y macOS baja al 2,14 %. De ese 3,90 %, la distribución de la Steam Deck y la Steam Machine —SteamOS Holo— es el 0,82 % del total: una de cada cinco máquinas con Linux en Steam, no cuatro de cada cinco.
Antes de sacar conclusiones conviene mirar cómo se mueve esa serie, porque se mueve fatal. En febrero Linux marcaba un 2,23 %. En marzo, un 5,33 %: tres puntos y pico arriba en un solo mes y el récord histórico de la plataforma. Nadie migró nada en marzo. Lo que pasó, y Phoronix lo señaló entonces, es que la cuota del chino simplificado se desplomó un 31,85 % cuando Valve volvió a corregir los datos de Steam China. En agosto ha ocurrido lo contrario: el chino simplificado sube 1,45 puntos hasta el 23,97 % y Linux baja, una correlación que en GamingOnLinux llevan años viendo repetirse casi punto por punto. La encuesta mide quién contesta, no quién se cambia de sistema, y los cibercafés chinos contestan a la vez y en Windows.
Así que ni el récord de marzo era una victoria ni el 3,90 % de agosto es una derrota. Lo que sí puede decirse del último año es más aburrido y más sólido: Linux se mueve en una franja de entre el 2 % y el 5 % según quién haya rellenado el cuestionario ese mes, y no hay ningún tramo que se parezca a una migración.
Donde SteamOS sí tiene un problema que no es estadístico es en los juegos que no arrancan, y la culpa no es de Proton. Los antitrampas que corren en el núcleo del sistema —el Vanguard de Riot, el Ricochet de Call of Duty— no tienen versión para Linux, y ahí no hay capa de compatibilidad que valga: o lo escribe el fabricante o el juego no se ejecuta. Los otros dos grandes, Easy Anti-Cheat y BattlEye, sí tienen modo Linux desde hace años, pero es un interruptor que enciende cada estudio y muchos no lo encienden. El caso de manual es Fortnite: Epic es dueña de Easy Anti-Cheat y sigue sin activarlo para su propio juego. Tim Sweeney lo explicó en 2022 y la explicación no ha cambiado — no tienen confianza en poder perseguir las trampas a esa escala con núcleos que el usuario puede recompilar a voluntad.
Que es, visto desde aquí, la parte tranquilizadora del asunto. La lista de lo que no funciona en SteamOS es casi exactamente la de los juegos de servicio con partida competitiva, y un catálogo de clásicos no se da contra ese muro por ninguna parte. Para quien juegue sobre todo a cosas que ya salieron, la pregunta pendiente no es el antitrampas: es cuándo se podrá instalar el sistema sin cambiar antes la tarjeta gráfica.
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